Progreso: Con tres medallones en la mochila, fui a por el cuarto en el Templo del Agua. Sigue leyendo para descubrir por qué consideré abandonar el juego en esta partida.
Tiempo de la partida: 7:00 horas (4 minutos de lectura).
Tiempo total de la serie: 28:00 horas.
La partida
La entrada oculta al templo
Aprovechando que estaba un poco perdido, volví al trono donde estaba el Rey Zora congelado y lo descongelé. Muy agradecido me otorgó la túnica azul para no ahogarme debajo del agua.
Como tenía planeado, volví a la caverna de hielo, pero seguía sin encontrar la entrada del templo. Fui al otro lugar donde podría estar, y después de deambular un rato por el Lago Hylia, por fin la encontré debajo del agua.
Consejo: usa el gancho para halar el interruptor que está encima de la puerta para abrir la entrada.
A tope con las botas y el gancho
Desde el primer momento en el templo me estuve cambiando entre las botas de hierro, para caminar por el fondo del agua, y las botas normales para salir a flote. Esto unido con el gancho para alcanzar lugares alejados fue lo que más usé durante todo el templo.
El lugar consistía de una torre central y varias salas alrededor, a distintas alturas. Para avanzar, tuve que conseguir llaves, combatir monstruos e ir elevando el nivel del agua para flotar hasta las salas más elevadas.
Mi Alter Ego Oscuro
Avanzado el templo, entré en una especie de oasis solitario, donde apareció un enemigo bastante fuerte, tanto que me hizo usar las hadas que tenía y reintentar varias veces el combate.
Se trataba de la versión oscura de mi mismo, que imitaba todos los movimientos que yo hacía, y aprovechaba el más mínimo descuido para atacarme con precisión. Aunque es uno de los que más me ha costado, finalmente tuve la satisfacción de derrotarlo.
Consejo: para derrotar al Link oscuro, mantenlo como objetivo y blande tu espada con la palanca del mando inclinada hacia la derecha, esto te dará más oportunidad de acertar el ataque.
La Ameba Acuática Gigante
Avancé por las salas que me faltaban, donde encontré el gancho largo (longshot), con el doble de alcance del gancho que tenía.
Un poco más adelante, llegué hasta la sala del jefe final, Morpha. El monstruo convertía el agua en tentáculos que me agarraban y me sacudían contra el suelo.
A diferencia del templo, este enemigo resultó bastante fácil, después de esquivarlo varias veces y contraatacar lo disminuí a una gota de agua que terminó desapareciendo.
Consejo: mantente fuera del alcance de los tentáculos, y cuando fallen, usa el gancho para atraerlo a ti, donde podrás atacarle libre de riesgo.
El poder de la Sabia del agua
Una vez superado el templo y derrotada la ameba gigante, aparecí en la Cámara de los Sabios, donde Ruto, la princesa Zora me otorgó su medallón, uniendo su fuerza al resto de los Sabios.
El Lago Hylia se llenó de agua nuevamente y tras disparar una flecha al sol del amanecer, obtuve la nueva habilidad de las flechas de fuego.
Reflexiones
Al principio me gustó la mecánica de las botas de hierro, pero en poco tiempo me resultó tedioso entrar al menú tantas veces para cambiarlas, en vez de tener un botón dedicado, por ejemplo.
El templo del agua me resultó especialmente difícil, pero no en el sentido de un reto interesante, sino un diseño de niveles muy pobre y penalizaciones exageradas por equivocarte. Los pasillos y salas no tienen un desenlace natural y te hacen dejar llaves atrás que luego cuesta recuperar.
En mi caso, después de cuatro horas en el templo, quedé bloqueado y tuve que cargar una partida antigua para reiniciar el templo. Esta segunda vez consideré abandonar el juego porque no me apetecía hacer de nuevo el templo, pero después de reflexionarlo, decidí seguir una guía en internet para superarlo y continuar disfrutando del resto del juego que seguro será tan bueno como había sido hasta ahora.
En la próxima partida
Quedé tan agotado en esta partida que no puedo ni pensar lo que tengo que hacer a continuación, saldré a explorar esperando que ocurra algo que me vuelva a guiar en mi camino.

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